Skip to content

dominó

19/06/2011

Madrid detrás de la ventana y debajo de la almohada. El Madrid de los funcionarios anfibios que necesitan asomar la cabeza a la calle, filtrándose a través de los portales de las oficinas y los ministerios, para fumarse el humo los unos  a los otros.

El Madrid de los coches que salen del adoquinado protegidos por los ojos de los guardias. El de los aparcamientos en espiral y las terrazas con alfombrilla de césped sintético y tapa de frutos secos. Camisetas y pantaloncitos diminutos.

El verano comienza a encenderse y el sol se revuelca como un puerco sobre mis cosas tiradas en un rincón del cuarto. Los pájaros van de un árbol a otro, en tránsito incesante, y los toldos empiezan a deslizarse como apayasados párpados sobre los balcones vacíos de los pisos altos.

Subo por Serrano y el lujo de los coches, la sequedad desmotivada de las aceras, le susurran a mis zapatos un nuevo rumbo, un surco de esquinas laterales entrelazadas por el azar, mientras el sol debe de seguir retozando en la pocilga  de mis menguadas pertenencias. Echo de menos a mi gato.

Anuncios

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: