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corazones y estrellas

09/05/2011

Traías dos rotuladores, uno azul y el otro rojo, y marcabas el contorno de tus anotaciones con lunas, estrellitas y corazones. Eran, los tuyos, corazones nocturnos engendrados a plena luz del día.
Esa sonrisa serena llegaba a florecer enraizada en la sutil y enmarañada perfección de tu sistema límbico: eras el animal más hermoso, agradable y callado que había conocido hasta entonces. El fulgor de la imagen mental que imprimieron tus senos aprisionados en suaves jerseys de lana convierte aún la encrucijada de mis pantalones en un terrario gallardo y peligroso.
La memoria es un galpón maldito del que nunca podrán escapar los caballos más rápidos. Yo, su jinete, siento crujir el tiempo entrecerrado.

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