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la bicicleta de Vivaldi

17/03/2011

Aprovecho que ha dejado de llover, que el cielo azulea y el sol le saca la mugre a las cosas, y me siento a leer la entrevista que Lardín le ha hecho a Villaronga, que está muy bien, con sus múltiples palpamientos y exploraciones, con sus retratos de ojos muy abiertos y sus objetos de memoria.
Pero, como soy lento en el leer –y en casi todo- le doy vuelta a la revista y no puedo apartar la mirada de la chica de la contraportada, prieta y sinuosa, con esa bicicleta de los vicios solitarios y una boca musitante. Entreabro la revista, paso un abanico de páginas con el roce del pulgar y me cuelgo de una pelusina de Sonnenberg, columpiándose en la playa…
Se produce una reacción en cadena y vuelve, sí, el Chernobilito.

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