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la ilusión de morirse

22/02/2011

Los últimos helados se deshacen dentro de la bolsa. Mis zapatos, tirados a un lado del mundo, como dos conchas vacías de las que nunca escapará el aliento del mar. La música no sirve y mis pies no saben dónde están, no quieren dormirse. El Diablo me espía a través de la boca de los enchufes y no hay electrodomésticos suficientes para obturarlas todas. Seis burbujas borbotean en el vaso, un mosquito patalea bajo el agua mientras el otro sobrevive encaramado sobre sus alas. Quizá sean hermanos de sangre, quizá sea mi sangre la que se ahoga. Los helados eran -lo sabes- de hielo.

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