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bajo el verde

24/07/2010

Anoche debieron de descolgarse desde el paso superior de la estación, el que queda a la altura de la carretera. Serían varios porque les dio tiempo de arrancar todas las enredaderas que cubrían los muros de detrás de los bancos y daban un aspecto más acogedor al apeadero.
Esta mañana, sobre la vieja pared de cemento volvía a leerse “Quino y Noe”, “Lola Tetas”, “Maderos pa quemar”, “Agáchate y sopla”…
El muro ha perdido su última capa de pintura a causa de la humedad y ha liberado pretéritos hechizos, vencidos deseos. Una chica rubia con el pelo al cepillo y hombros hombrunos los resigue como yo, con la mirada, y se sonríe. Nos sonreímos. Junta las piernas, abre el bolso, extrae el teléfono y saca dos, tres, cuatro fotos, hasta que el vagón supera los límites del andén y regresamos al paisaje de siempre. Cierro los ojos.

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