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la fortaleza

04/07/2010

San Diego no podía perder por uno o por dos, él sólo entiende de excesos, en lo bueno y en lo malo, en la fortuna y en la desgracia. Adiós, Argentina, adiós, y mañana alguna declaración chirriante, la culpa a los árbitros o a quién le toque la china. Suerte tenemos de contar con un entrenador con cara de palo, que hasta en aquellos cromos de la infancia tenía aspecto de señor que sólo entra en el bar a desayunarse un café con leche y un bocata. Lo que hace un bigote. Ahora no se llevan demasiado las barbas y los bigotes en la liga española, pero hubo un par de décadas en que eran sinónimo de firmeza y saber estar. Del Bosque, Calderé, Migueli, Clos, Robi, San José…, sólo unos pocos nombres de jugadores de pelo en rostro. El bigote de Vicente del Bosque es un ancla a la realidad, un cable de tierra, una raíz profunda que conecta al equipo con la energía terrestre, energía para persistir construyendo el juego, para aguantar sin desbaratarse, para combinar a pesar del cortocircuito constante, para marcar con carambola de tres palos. Paradón, tres palos y adentro. Y, el siete de julio, San Fermín.

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