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el click

29/06/2010

Hubo un punto en que todo empezó a ir bien, rodaba la bola, surgía el espacio, crecía el juego de abajo hacia arriba, de adentro hacia fuera. Un juego poliédrico, reversible, estrellado. El mecano daba paso a un fuelle dodecafónico de melodía perlada, con un sólido bajo sostenido. Hubo un punto, sí, en que el alma se elevó y todo empezó a funcionar como se debe, justo en el ecuador de la competición, a mitad del cuarto partido. Villa se desdobló: si no bastaba con un solo tiro, había que inventar el segundo en prolongación, recuperando la jugada. La enganchó y la clavó en la puerta, como una señal de salvación y divino designio. Sonó un click, esto se dispara.

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