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confusionismo

18/06/2010

Hoy traigo el zarandajo aborregado, en esas de el yo contigo a pan y cebolla, pero luego se come unas crepes. A mi no me gustan las crepes, pero el zarandajo se tira por lo bajo y las para todas. Después se pide unas natillas y a robar mundo.
No se puede ir así por la vida, con múltiples personalidades repartidas por el organismo. Todo deriva y naufraga en el confusionismo y buscas salvar la conciencia deletreando los rótulos de las charcuterías y las paradas de bacalao.
Me quedo siempre a medias, con el embutido a la hora del postre y el café con leche frío en la encimera de la cocina. Abro el estrecho ventanuco y espío el parque. Sol y perros.
El zarandajo bucea en mis pantalones, busca un cañón del siglo XVII. Si lo encuentra y detona, nos iremos los dos a San Sebastián, a penetrar impunemente las arenas mansas de la playa.

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