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ars mutandi

16/06/2010

A la roja le ha mudado la color, luego de ponerse colorada, ha tomado la blancura de la cera, hábito con que habrá de enfrentar la próxima embestida. Descentrada, falta de cuadratura temporal, demasiado rápida o demasiado lenta, poco escrupulosa en el detalle, se perdió en si misma. Un exceso de belleza destemplada.
Más que las trompetas, fueron las bocazas de los vocingleros periodistas las que perturbaron las mentes con su zumbido de mosca cojonera. Esperemos que el blanco traiga consigo la épica que hizo grande al equipo de la capital, aunque hoy sea otro conjunto y otro juego el que brinda su excelencia a esta selección todavía algo almidonada.
Hay hambre de triunfo, sí, pero también demasiada frustración acumulada. Han sido menguados los logros para un año de lucha superlativa: apenas una liga y para uno solo.
Hay que calmarse, soltar el veneno.
Tamaño, fuerza, imaginación y talento. De todo ello hay y mucho. Y detalles hermosos, como ese beso que Ramos le dio al balón tras una jugada extraviada por el fondo de la banda.
Después de esta cura de humildad, serán las honduras el camino a seguir hacia el valor que habrá de medir las futuras victorias. Se puede ser, se será.

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