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ir a más

01/06/2010

Me habría gustado asaltar un banco, retener a los clientes en el despacho del director, apuntar a las cajeras a las piernas, desmayar al vigilante de un solo golpe, llenar varias sacas con billetes y dejar un mojón cumplido y viscoso en medio de la caja de caudales.
Me hubiera gustado atracar muchos bancos y herir de muerte a un policía cobarde, asistir al funeral con uniforme y consolar a su viuda y a sus dos hijas, mintiéndoles al oído, hablándoles de honor, servicio y valentía, para depositar después unos cuantos millones en su cuenta corriente. Volverlas sospechosas.
Me habría encantado vaciar ese banco, esa financiera, la caja fuerte del hotel de los fantasmas y hacer una fortuna con el dinero ajeno que nadie sabe ya a quién pertenece; dinero robado por empresarios, constructores, aduaneros, vigilantes, sindicalistas… Dinero que los políticos arramblan, que los grandes negociantes hacen suyo; dinero de banqueros, financieros, artistas, periodistas, intelectuales, gente de pluma y sin pico, consultores, intermediarios, maquinadores…
Quisiera haberme vuelto un asesino, un ladrón, un criminal, secuestrador, terrorista. Quisiera haber hecho todo esto y tomar el café con leche entre tus piernas.

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