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un corazón de oro

23/05/2010

Siete son los yamakasi que ven nacer el sol desde los altos techos de París, siete chavalotes que se trepan a las barbas de la policía, se descuelgan por los balcones de la aurora y brincan muros, setos y vallas. Siete espíritus libres que se toman la licencia de ser Robin Hood para pagarle a un niño el trasplante de corazón.
Latinos, negros, árabes y asiáticos. El trabajo de Besson y su tropa es concienzudo, haciendo de cada película un potaje cultural, utilizando los chistes y los juegos de palabras para poner el dedo en la llaga de las bolsas de pobreza y la discriminación.
Camaradería, acción y justicia poética para todos los públicos y, cuando conviene, dejar un mojón a las puertas del sistema. Ministros, consejeros y burgueses quedan retratados y el happy end no es otro que el de saber que el policía del barrio ha dimitido de su cargo, dándole la razón a los nobles acróbatas urbanos. Vale la pena aventurarse, chicos.

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