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… y yo que viejo

02/05/2010
La perla discotequera del gran de la Loma sobrepasa el marco de la industria para infiltrarse en los usos sociales, musiqueros y mercadotécnicos de su tiempo y lugar. Como ocurre en gran parte del cine de la transición, el ánimo de engancharse a las modas, para exprimir en beneficio propio el talento ajeno, impulsa al plagio y a la parodia de temas y personajes “del momento” que aceleran la caducidad del producto por hallarse enseguida fuera de contexto. Así, podríamos hablar de la banda sonora, de las estrellas invitadas, de la parodia de Ramoncín, de los inmuebles de Núñez y Navarro, de la dislocada jerga juvenil, del amor por montesas y bultazos… Pero no lo haremos. Para nuestra fortuna, en este bendito cantón nocturno hallarán impagable información sobre los vericuetos de la producción de la película, incluidas las pruebas clasificatorias que tuvieron lugar en la discoteca Trauma de Barcelona para elegir al Travolta español –Rafael Rodríguez para los amigos-, que coprotagonizaría el film junto a Nadia Windel, Nuria Mora y esa criatura deliciosa que fue Inma de Santis.
Yo prefiero ocuparme de temas más verracos, como esa inclinación a presentar a las adolescentes como pequeñas ninfómanas obsesionadas con la moda que se buscan la vida pervirtiendo a mayores. ¿Quién se atrevería a mostrar hoy con tanta indulgencia a unas alumnas que deciden hacerse pasar por putas para reunir la paga semanal suficiente para surtirse de trapitos en el Corte Inglés?
Es una lástima que Nadia Windel luciera tan escueta carrera interpretativa, su papel de calientabraguetas empecinada en tirarse al director del insti alcanza cotas de auténtico desvarío, en especial cuando tiene lugar esa revisión ginecológica, llevada a cabo por un anciano médico de cabecera, que la pone a mil. Y todavía resulta más triste la pronta desaparición de mi admirada Inma de Santis, la actriz con mejor vis cómica de la película, impagable en esa escena en que se resigna  a tomarse la pastilla anticonceptiva al no encontrar ninguna excusa válida para impedir la pérdida del virgo ante el cliente que se ha agenciado en la discoteca.
Que sí, que sí, que Badham es bueno cuando quiere y Travolta está de buten vendiendo pinturas en la droguería, pero antes me quedo con esta joya bisutera que está de puras madres. Véanla hoy que es el día.
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