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nube de colonia

02/05/2010

Mucho perfume y poca ropa, esa debe de ser la consigna. Tal vez el exceso de fragancia surta efectos narcóticos en la distancia corta y la exposición sea menos arriesgada de lo que, a primera vista, parece.
De dos en dos o en grupos de tres, pintadas como puertas, las chavalas cruzan el semáforo y bajan por la avenida en obras, camino de la zona de juegos. Zapatos altos e incómodos, tallas tan pequeñas y apretadas que imposibilitan un andar razonablemente armónico. La congestión aviva el mal genio y siempre se les cazan al vuelo malas palabras, insultos dirigidos a otras chicas: que si ésta llevó las mismas bragas una semana entera, que si la otra tiene cara de chuparlas todas…
Chirriantes, estruendosas, salvajemente hipnóticas como la televisión después de una comida abundante, pululan por estas calles a media tarde. Entran y salen de la estación de tren, esperan en los bancos, entre los chiflidos agudos y las melodías escopeteadas de los móviles. Yo, con un aire inapropiado, pierdo la mirada en las obras: todo por hacer, la tierra abierta… Empiezan a caer los primeros goterones de una lluvia que será pesada y corta.

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