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sesión de noche

29/04/2010

Tal vez haya sido el vino, tal vez la noche, pero hubiera jurado que te estaba comiendo los calcetines. Los llevabas puestos sí, tumbada en el sofá como una reina, y yo los iba devorando para que fueran aflorando tus pies claros de luna. Comía yo la tela, la roía, la arrancaba pedacito a pedacito y tus dedos asomaban poco a poco, exudando deseos que no explico. Luego fui rayendo la parte de abajo, los talones…, hasta dejarte sólo puestos los caños de tela, como dos pulseras mal cortadas, deshilachadas, desiguales. Acerqué tus plantas a mi cara, las pegué a mis mejillas, calor con calor, y tú empujaste mi cabeza para tumbarme boca arriba y aprisionaste mi secreto. Lo oprimías y lo hacías bailar al son de tus tobillos, soniquete de luna y de verano, nana de biberón y de saliva. Fui creciendo despacio, muy despacio, y mi mirada aún ahora te desnuda.

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