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un baño

28/04/2010

Como una perrita, da vueltas sobre si misma, chapoteando sobre su propio charco. Se agita buscando con la boca lo que hasta hace unos segundos se abría paso entre sus piernas. No lo encuentra. Jadea, desorientada, le resbalan las rodillas y aunque afiance las palmas de las manos, termina por caer llana sobre el suelo del baño. Es él: la empuja desde atrás, la abre, entra despacio, sin incisos. El charco crece. Aúllan. Él termina, pero persevera en la invasión, no se separa aún, no la abandona. Cuando al fin se levanta, ella gime todavía y un hilo blanco resbala entre sus nalgas. Él la toma con los brazos, la eleva, la tiende en la bañera y ella espera que la riegue. Así crece su jardín, al calor líquido de estas libertades. Se duchan juntos y abandonan el hotel a media tarde.

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