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sobre los mausoleos

28/04/2010

El hecho de que los escritores duerman en los cafés le parece tan natural a la gente como el de que los pájaros aniden en los árboles. ¿Por qué se considera luego un contrasentido el que sus restos yazcan en la fosa común? O ¿es que hay quien cree que los escritores amasan pingües fortunas, y que si pasan una vida de miseria es a fin de ahorrar dinero para instalarse, después de muertos, en unos mausoleos que les den fama?
A mí me parece muy bien el que la Patria honre a sus grandes hijos muertos; pero entre el que sólo los honre cuando están muertos, abandonándolos completamente mientras viven, y el que les facilite una vida decorosa, olvidándolos a la hora de la muerte, preferiría esto último. Lo primero es quizá más piadoso y es, desde luego, más barato; pero lo segundo es más justo. Y, por mi parte, si algún día llego a ser un escritor ilustre -cosa relativamente fácil y para la que, generalmente, le basta a uno con morirse-, renuncio a todo mausoleo, cambiándolo, desde ahora, por una modesta azotea sin goteras.

Julio Camba; Sobre casi todo. Madrid, Espasa Calpe, Col. Austral, 1961. p. 102.

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