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bulbo

27/04/2010


Rodilla en tierra, lamiendo el suelo, hueles las magdalenas de mis pies negros. Abrazada a mis rodillas, me calzas y me fumas: cachimba roja, sopita de la mañana, bollitos tiernos… Relumbrón de alegrías en tu cara: un fogonazo de nieve floja y casera que te barniza los ojos de una volada. Teresiana te pones, higa al cielo, remontando columnas…, puro orificio con clara de huevo y voz de aldeana.
Ahora quítate la armadura, que te voy a dejar como los chorros del oro: chocolate con porras, moja que te moja, traga lo oscuro, que oigo desde aquí como boquea el pescadito de alcoba, sireno cascabelero con la lengua dentro, invadido con la bárbara crudeza de un petardazo. Traca y pañuelo empapado, sucio como nuestras venas que se abren y se cierran. Traga también la orquídea y lleva la maceta al cementerio. Comerte en tu jugo, despacio y rudo.

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