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una furtiva lágrima

12/04/2010


La otra tarde me dejé llevar a la inauguración de una exposición colectiva, muy cerca del barrio que habité hasta hace pocos años. Cada artista había ilustrado una escena destacada de algún cuento infantil y la ilustradora que me había invitado al evento encuadró una vista en perspectiva de la sufrida Rapunzel asomada al ventanuco del siniestro torreón en que se encuentra enclaustrada.
Su larga trenza rubia soporta el peso de su visita trepadora mientras de su ojo brota una lagrimilla…
Para mi, la imagen de la muchacha cuyo pelo sirve de liana a su amante nocturno era un tópico para parodiar los dramas románticos medievales, desconocía la cruel peripecia de este singular cuento teutón. Sin embargo, sintonicé enseguida con aquel rostro sufrido y a un tiempo afable que reflejaba el dolor de tener que soportar el peso de su condena.
Quién sabe por qué razón me vinieron a la cabeza un par de versos de cierto tema jurásico del loco García. Pero, no es bueno regodearse en la propia tristeza, mejor cortarse el pelo a la medida de un imposible que tal vez sepa encontrarse a si mismo antes de las doce o de la una.

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