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en babia

10/04/2010


Por aquí todavía no paseo, trasiego por calles secundarias, por la trasera de las avenidas, en recorridos rápidos y siempre con objetivo fijo. Hoy he imaginado las calles anegadas, una mimesis veneciana a pequeña escala y sin mayor romanticismo que el del fin de los amores balconeados.
La última vez que se inundaron los barrios del Este aún no había yo nacido, todo eran cuevas, uralitas y tocho de mala ralea. Extraño mercadeo el de la memoria, toda la vida del sábado se concentra alrededor de los grandes almacenes: el parque, el cine, el restaurante, las tiendas…
El azul se va oscureciendo muy despacio y en mi boca refluye el sabor de la pastilla de chocolate que me tomé con el café, hace dos horas. Tristezas trajo el día, que no son pocas. Para la hora de la luna aguardamos mejores intenciones.

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