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cambio de maravilla

03/03/2010



 Ahora vas a saber que esta historia es un lagarto, largo, de once pies, con escamas como nardos y los ojos del revés, que no conocen lo amargo. Un lagarto que al sol tiende su cuerpo legendario y se deja calentar, contándole al dromedario a dónde han ido a parar las cuentas de tu rosario. Ahora lo vas a saber y, sin miedo a los clarines, treparás los altos muros, las torretas, los aljibes, y llamarás a tu novia para que traiga jazmines y lirios a contrapelo, y los derrame y castigue con lluvia de bordaduras y nostalgia de esos cisnes que ya no cantan, ni sueñan, encerrados en los cines. Lagarto de los espejos, dromedario de baúles, gato negro del tabaco, ratones que son azules, persianas equivocadas que se enredan en las nubes y soplan sus filamentos de cobre y plomo. Incertidumbres. Sacad la honda pezuña de vuestra mala costumbre y dorad la callada arena en que arrastran los octubres. Rojo y negro, pelo herido, derrota de mansedumbres, con el asta en el espacio que, trepándose, se escurre y, dejándolo todo atrás, soledades ama y consume.

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