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un infierno de deseo sin tiempo (fragmentos, 1995)

23/01/2010



Oscurezco cada día más temprano, como el día.


Las herramientas siempre son rudimentarias para esto. La edad de piedra es la edad del mar, del naufragio, de las ruinas del Atlas, de los nombres que son verbos y de las acciones que desaparecen.


Intentar vengarse del tiempo es inútil, alabarlo quizá un acto de soberana cobardía.


Nada quedará, ni siquiera la nada. La contingencia no soluciona nada, la contingencia, como la necesidad, es un espejismo.

Puede que el absurdo nazca de una cierta idea necrófila del tiempo y de la evisceración de la propia conciencia. Ser consciente y aprehender el absurdo son una misma cosa.

El cuerpo es una guerra perdida de antemano y el ser humano un vano trofeo para la nada. El amor, como el cuerpo, se condena a si mismo a la derrota, a la extinción.

Cuando el amor no es un acto social deriva en el escepticismo.


Cada célula miente y se alimenta de esa mentira como si fuera oxígeno para sobrevivir.


Un infierno de deseo sin tiempo –perros asirios enfrentados.



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