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madgeat

23/01/2010


Cómo era la nada, Groscio, ¿recuerdas? Que calentito se estaba ahí fuera, con esa negrura que sólo se encuentra debajo del párpado o en el vientre de la ballena. Pero nos pusimos a ello, no hubo modo de parar el hervor y sellar las entradas. Todo era hueco y ahora, ¿qué?, esa obsesión cerrada del espacio por llenarse de cosas. La nada era eso, la nada; no necesitaba ni de ti, ni de mi, ni de una sola partícula. Serenidad y constancia bajo la piel o en las tripas: pura tiniebla. Ahora se arrellana la materia, enamorada de si misma, con oblicua ambigüedad de demonio, y quedamos tu y yo para el desguace. Todavía habrá quien invente el chasquido de los interruptores y cruzará la línea que atraviesa el etéreo manto unicelular. ¿Multiplicarse? ¿Para qué? ¿Para quién? El espacio no huye de nosotros, el espacio converge, agujerea y se come lo que antes era hambre y voluntad negada. ¿Cómo era, Groscio? Pásame la manta.

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