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un cuento de perrolo

31/12/2009

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Con mas picha que lengua, el barometro acartonado y las nalgas mustias de tanto resbalar sobre musgos endecasilabos, mi gancho siempre tuvo predileccion por las izquierdas. Asi me monte en el tranvia cursi de las ocho menos cuarto y calcule siempre mal, perjudicado por los lloros de Nancy, apodada la preambula, por seguir siempre un eucariistico e ingenuo proceder relacionado con la succion y la buenaventura. Aguardaba siempre Nancy en el fondo de la carroceria de los coches, la frente perlada con el relente de los nabos tiernos, guillotinada por la luz de los fluorescentes del Garage Pindaro, vellocinada su entrepierna con el oro de siete alumnos de la Academia Jumilla Barcaldo, afectos al botillo y los caldos vinateros. Chorr´´on y bin´´oculos, cuatro pelos y un golondrino fruto del pasmo, era esto lo poco y lo menos que nancy seria capaz de entrever al bulto del lanzamiento del chupinazo de las fiestas del Ol´´e salinero, al que segu´´ia una sesion ordinaria de cantes jondos, babeles y pases cuarteados con la taleguilla escarchada en filamentos de bullismo.

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