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la cartuja roja

27/12/2009



Pobres pero limpios, telematizados, pobres que validan su condición de desempleados desde casa o desde un cibercafé, pulsando unas cuantas teclas; pobres que no cuentan como desempleados porque se matriculan en un curso detrás del otro y, mientras te reciclas, no tienes derecho a entrar en la cuenta. Parados que no se ven ni en las oficinas de empleo, ni en las encuestas, reduciendo un porcentaje de desempleo que descenderá aún más cuando se aplique la obligatoriedad de cursar estudios hasta los dieciocho años. Todo vitrina.

¿Cuál debe de ser el verdadero índice de desempleo de este país? ¿Cuánto hace que se superó la cifra real del veinte por ciento de población activa carente de trabajo?

Ah, los ochenta, ¿se acuerda Usted de los ochenta? ¿Quería Usted un revival? Aquí lo tiene, observe como vuelven los ochentas transfigurados. Porque algunas cosas si han cambiado, por entonces había inconformistas que incluso escribían libros, grababan discos y hacían películas sobre lo que estaba sucediendo en la calle. Por entonces incluso se organizaban huelgas, piquetes, manifestaciones en contra de la mala política del gobierno. Llegó el ochenta y seis y, a base de billetes, nos sometimos de buen grado a la domesticación definitiva. Orejas gachas y vientre lleno, pelotazo y buena vida a cargo de la hipoteca. Levadura y autobombo.

Unos sindicatos vendidos al partido del gobierno, unos medios de comunicación colaboracionistas, unos líderes de opinión que ponen el culo y engrosan la nalga al mismo compás que la billetera, una ciudadanía que prefiere cobrar cuatrocientos veinte euros antes que reclamar un trabajo digno, unas oficinas de empleo que emiten cifras engañosas, que fomentan el negocio negrero de las empresas de trabajo temporal y sólo se preocupan de promulgar cursos de reciclaje para sacarle ceros a las encuestas, un partido que tiene la desvergüenza de autoproclamarse socialista y obrero cuando le ha dado el tiro de gracia a los trabajadores comprando las conciencias de los líderes sindicales e intelectuales.

Ante semejante panorama, me temo que el único modo de que exista una movilización social y los sindicatos protesten ante esta debacle tercermundista es conseguir que la derecha llegue al gobierno. Así que, si lleva Usted tiempo sin conseguir un empleo, si ni siquiera le llaman para acudir a una sola entrevista de trabajo, ya lo sabe: vote al Partido Popular cuando lleguen las próximas elecciones y verá como diarios y sindicatos organizarán una gran movilización social en defensa de sus intereses. Vote Usted al Partido Popular y la huelga general será un hecho.

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