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dos reencuentros

24/12/2009



Al final de Nuevo en esta plaza, Sebastián Palomo regresa a Linares para celebrar una corrida de beneficencia y, sobre todo, para reencontrase con su familia. Su padre quedó ciego en un percance de la mina y le recibe su madre (Julia Gutiérrez Caba) en el típico ambiente de una casa de vecindad: viejas escaleras, improvisados tendederos… El hijo, que se fue de casa con lo puesto, regresa ahora trajeado y con automóvil. Hablan los dos en el zaguán del edificio de viviendas:


– Sebastián, hijo, cuánto has tardao.

– No llore, madre, ya estoy aquí.

– Es de la alegría de verte.

– ¿Y padre?

– Durmiendo.

– Ande, vamos arriba.

Enseguida me vino a a memoria el final de mi película de Almodóvar preferida, ¿Qué he hecho yo para merecer esto?. Miguel (Miguel Ángel Herranz), el hijo pequeño de Gloria (Carmen Maura), regresa al piso familiar -una de esas infinitas cuadrículas que flanquean la M-30, no demasiado lejos de Las Ventas- tras vivir una aventura con un odontólogo homosexual. La madre lo recibe en el minúsculo salón de la casa, instantes después de desechar la salida del suicidio. Días atrás se había librado del yugo de su marido, matándole de carambola en la cocina de la casa.


– Miguel.

– Hola mamá. Me enteré de lo de papá, ¿cómo fue?

– En la cocina, se dio contra la pila y se esnucó. Pensaba ir a decírtelo un día de estos pero es que no quería que sufrieras.

– Mamá, vengo a quedarme, esta casa necesita un hombre.

– ¿Y el doctor?

– Bueno, al principio era divertido, pero yo soy demasiado joven para atarme a nadie. Vino Antonio a verme, me dijo que se iban a ir al campo.

– Ya se fueron.

– ¿Papá me echó mucho de menos?

– Tenía tanto trabajo que ni siquiera se dio cuenta de que no estabas. Pero yo sí te eché mucho de menos. Me alegro mucho de que hayas vuelto.

Existe un diálogo íntimo entre estos dos pasajes, aparentemente tan distintos, rodados a dieciocho años de distancia. Dos amas de casa crujidas por la prole, la una con el marido inválido, la otra con el cónyuge invalidado; la una en el pueblo, la otra en el hormiguero enlatado de un suburbio, y dos adolescentes que vuelven al hogar para destruirlo.

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