Skip to content

tristes de nosotros, un loco menos

12/10/2009


“¿Será posible que esta tarada aún no se haya enterado de que quien le habla es su perro? –protestó Pom-Pom-. ¡Qué destino el mío; aparte de aguantar a todos los gilipollas que vienen a esta casa, hoy tengo que llegar a la convicción de que el alcohol a esta tía le ha reblandecido el cerebro.”

Pom-Pom, como él mismo se apresura a señalar, es un perro, un perro que habla, el protagonista de La liberación de “Pom-Pom”, uno de los diez relatos que configuran El día en que los perros hablaron, el libro que Luís Aguilé publicó allá por el año setenta y nueve. Según Aguilé, ese día no sería otro que el 24 de mayo de 1983 y hubiéramos llegado a él una vez la prensa mundial hubiera hecho público el siguiente teletipo: “EL 24 DE MAYO, TODOS LOS PERROS DEL MUNDO PODRÁN HABLAR DURANTE VEINTICUATRO HORAS A PARTIR DE LAS DIEZ DE LA MAÑANA DE DICHO DÍA.”
Pom-Pom no sólo habla, llega a pronunciar todo un discurso proclamando los derechos de la perrunidad, tras lo cual asistimos a la siguiente escena:

“El público y los perros se abalanzaron a felicitarlo, pero él con la mirada buscaba solamente a Chichi, que desde los brazos de su ama lo miraba con admiración y amor… Hubo entonces una seña imperceptible para los demás; un gesto de Pom-Pom que hizo que Chichi se desprendiera de su carcelera y dando un salto echó a correr hacia su amigo que, viendo una puerta entreabierta, salió disparado hacia los jardines sabiendo que Chichi lo seguía decidida y liberada.”

Yo que, desde niño, había observado con admirada incomprensión las evoluciones televisivas de Aguilé, puse los ojos como puños cuando vi sobresalir la portada de este libro entre uno de los montones de volúmenes apilados de cualquier manera en el suelo de aquel mercadillo. “No puede ser el mismo Luís Aguilé” –traté de aclararme mentalmente. Pero al agacharme y darle la vuelta al ejemplar para leer la contraportada, vi la foto del artista de perfil, muy digno y reconcentrado en las musas, y leí precipitadamente las primeras líneas de la reseña: “Luís Aguilé, cuyo verdadero nombre es Luís Aguilera, nació en Buenos aires en 1938…”. Pagué y me fui a tomar un café con leche en una terraza, ávido de floripondieces, aliteraciones y demás monstruosidades.
Ay, Aguilé, showman incomparable, caballero colorido, adalid de la finura más bien gruesa, de la elegancia chirriante, dueño de inefables, formidables letras, rimas, melodías, creador de ese estrafalario cuentito de horror mundano que fue, es y será El Tío Calambres. Se nos ha ido un loco y nos van quedando siempre los idiotas.

Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: