Skip to content

Doctor Infausto

22/09/2009


Termina el doctorado, me recomienda encarecidamente mi amigo, con eso de Bolonia las universidades están buscando doctores como locas. Por dos veces intenté centrarme en una tesis, después de presentar la correspondiente tesina, vertebrando la investigación sobre dos temas distintos. Pero no reúno la paciencia ni el estómago necesario para seguir adelante. De vez en cuando creo adivinar un tema propicio, que me interese lo suficiente como para dedicarle un año de estudio y capaz de remover en algo las estructuras, pero enseguida me echo para atrás, pues pocas cosas aborrezco más que las retorcidas luchas intestinas del universo académico.
Puedo llegar a entender que entre las mafias de determinados sectores económicos y financieros, o en el cúmulo de zafiedad de una gris oficina, puedan enzarzarse las partes en una lucha de pirañas. Pero que ocurran las mismas cosas en el ámbito universitario, entre señores y señoras que se supone –es mucho suponer- letrados e ilustrados, me asquea de un modo insalvable. Y sí, puede que exista alguna que otra universidad de nuevo cuño, cuya juventud rehúya todavía la esclerosis y la mezquindad del tejemaneje y el despachismo en la sombra, pero en la mayoría de ellas existe el sobrentendido de las peleas personales en detrimento del debate y la obra intelectual.
Dado que no podría respirar en semejante atmósfera, finalizar la tesis tendría como único objetivo poder trabajar como profesor en esas universidades cuya reciente homologación les hace precisar profesores con título de doctor. Entiéndase la perversión: no se busca la capacidad del docente, sino su titulación, que permite a la institución cubrir el porcentaje mínimo de enseñantes doctorados. El Plan de Bolonia y la inercia general tienden hacia esta barahúnda sonámbula de despropósitos.
En tiempos de vacas ahítas, cuando el tecnicismo y el especialismo sobrepujaban sin freno, se extendió la idea de la necesidad de ejercitarse en una falsa enseñanza continuada; aprendizaje de camelo que no consistía en conocer más y mejor el mundo, sino en perpetuar el eterno nuevo conocimiento de técnicas, programas y disciplinas que aparecen para sustituir las que se consideran ya obsoletas. Amigo, usted sabía administrarse con este programa de cálculo. Pues olvídelo, ya no sirve. Aprenda este otro que es mucho mejor y que será substituido por uno todavía más acertado en el que ya estamos trabajando. Como usted sabrá utilizarlo y su compañero no, usted se quedará con el trabajo. Y así con todo, incluida la sanidad, la alimentación y, por supuesto, la economía.
Con ello se generó una ingente cantidad de cursos de toda índole y un incontable número de eternos aprendices de una sola cosa que cambia. Y hoy, llegada la prolongada estación de las vacas flacas, nos encontramos con el estado más perverso, incongruente y estúpido de tan aberrante proceso de simplificación neuronal. El Estado, las autonomías y los municipios financian cursos de especialización y reciclaje para simular hacer algo en bien del trabajador desocupado, se destina mucho más dinero a la enseñanza que a la creación de industria, y la esperanza de alguien que se formó como electricista, pintor, mecánico o contable ya no es encontrar un empleo en el que aplicar sus conocimientos, sino ser contratado como maestrito de uno de estos cursos. Tanto especialismo y tanto reciclaje no tienen utilidad práctica alguna, pero les sirven a las instituciones para contener bajo su rol de alumnito la creciente indignación del crédulo desempleado.
Señores, lo que aquí se necesita es una economía que produzca, que la gente trabaje en sectores productivos, haciendo y creando bienes, obras y productos dignos de uso, comercialización, sustento e intercambio. Más producción y menos servicios.
Todos esos imbéciles que se han estado llenando la boca y los bolsillos durante años diciendo que España y Cataluña se estaban convirtiendo en un país con una economía robusta fundamentada en “el valor añadido” han quedado retratados como lo que son: idiotas redomados, chupópteros, mangantes sinvergüenzas. Turismo, gestión cultural, la capital del conocimiento… Sois basura de imposible reciclaje.

No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: