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los andares del perdedor

21/08/2009



Existe un parecido mucho más que razonable entre la manera de caminar de Georges Gassot y la de Billy Brown. Aunque el primero sea una bestia asesina y el segundo un pobre pardillo dado por el culo, ambos se desplazan a pasos rápidos y nerviosos, encogidos, hundiendo las manos en los bolsillos del pantalón o de la chaqueta. Ni su aspecto, ni su indumentaria les distingue demasiado entre si y resulta evidente que ambos dirigen sus pasos directamente al fracaso.

Le tueur es una de esas joyas del negro francés que siempre merece la pena revisar, con música de Morricone y la presencia de dos monstruos como Gabin y Testi que, por si solos, serían capaces de levantar la película. Pero, además está el tono decadente, la ironía de las formas, el paisajismo urbano frío y a un tiempo permeable que Denys de La Patellière sostiene a lo largo de todo el pulso hasta salir victorioso de él con un plano final irrefutable.

Sólo la presentación de Gassot, primera escena del film, merece elevar la película entera al altar de los grandes personajes del mejor policíaco francés. Mientras juega a los dados en su celda, un compañero advierte que su mano carece de línea de la suerte. Gassot rompe un vidrio de la ventana enrejada y se raja la mano para tenerla. Eso son cojones a la hora de escribir y de filmar, lo demás futilidades de festival baratario.


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