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dos mesas que estorban

17/08/2009



En la acera de enfrente está el veterinario al que siempre llevo a Fulci, aunque ese siempre es relativo, apenas contempla las vacunas y una visita relámpago una vez en que no apoyaba bien la patita, porque el facultativo en cuestión es un tipo que me cobra cincuenta euros cada vez que me estrecha la mano. Por eso paso de puntillas frente al escaparate de su establecimiento y, entonces, tengo que esquivar un par de mesas de terraza colocadas en la acera.

Antes las mesas no estaban allí, porque el restaurante era una mezcla entre nepalí y tibetano, y la comida sólo se servía dentro del local. Pero ahora, el negocio ha cambiado de dueños y se ha convertido en un döner kebab, con lo cual, además de subir los precios, han puesto una terraza con dos mesas desde las que se puede ver bastante poca cosa.

Llevo tiempo preguntándome porque en esta ciudad la comida rápida se cobra a precio de menú normal y, si te descuidas, a tarifa de carta. Lo que en otros lugares es una alternativa rápida y barata, aquí se ha convertido en una rapacería más que contribuye al afeamiento uniforme de nuestro humilde callejeo.

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