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una mala noche

16/08/2009


Noche de ojos abiertos y de no encontrar la postura, de ponerse de lado para que no te caiga el muerto y de levantarse a acariciar a Fulci sobre la mesa del comedor. Sueños cortos en que se pierden las cosas y se encuentra a quien no se desea ver, hasta que vuelve a oírse gemir a la vecina, que primero dice No y después Ay, gimiendo y gritando, remontando el vuelo del Amor después de varios meses de silencio.
Oigo los timbres de los pisos que me rodean y no paro de pensar siempre en lo mismo, en ese corazón que se acelera sin saberse muy bien el porqué ni el hacia dónde. El verano es una arista de fuego casi líquido, como esos cristales de las películas de Argento, dardos transparentes lanzados por un cupido oscuro como la noche. El verano y la noche, aciagos peluqueros del alma desatenta, que trenzan y constriñen los más raros pensamientos en el interior de nuestros cráneos y nos llevan a recordar monstruos horribles y blandos, cerebros en travesía.

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