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solares sin alma

15/08/2009


Esta noche, Philo Beddoe preferiría ser el mono para descolgarse por esa pared que conduce al cubil de una hembra, sin necesidad de copas, bailes, ni preguntas tontas. Me atrae y me deja un tanto perplejo la imagen recurrente de esa América de guardarropía y trastienda, de gastarse los cuartos en solares sin alma apostando por garrulos que se parten la crisma en camiseta imperio, sorteando charcos de grasa y neumáticos reventados. Esa idea de la subsistencia ambulante, de devaneo y miseria, de irse de un lado para otro con lo puesto, ganando y gastando un puñado de billetes, es algo a lo que muy pocos prestan atención al ver este tipo de películas. Suele fijarse la gente en lo fácil, lo mendrugo, en la vaguedad de toda esa serie de meridianas tonterías que atiborran las páginas de lo que llaman prensa especializada. Dejan de ver el motor para fijarse en la pátina de polvo de la carrocería. Quizá también tengan ustedes doce costillas, pero habría que saber que sabe cada una de ellas de todas las demás.

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