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de la pareja a la familia

29/07/2009


Sin proponérmelo y habiendo invertido en su día medio euro de más, he visto en dos noches un par de películas protagonizadas por hombres divorciados, sin rumbo, perdidos. Dos historias muy distintas, es verdad, pero ambas protagonizadas por actores con carácter.
Cahoots habla de la imposibilidad de mantenerse fiel al espíritu de la infancia y de todo lo que significa formar y perder una familia. Estoy harta de que seamos una pareja. Quiero que seamos una familia, le recrimina a Harley (poco convincente David Keith) su mujer, obsesionada con quedarse embarazada. Pero Harley acaba de recibir la visita de Matt (un Keith Carradine cada vez más parecido a su hermano mayor), un amigo de la infancia que lo acosa para que le acompañe en sus correrías de bares y putas.
Matt es un hombre acabado que sólo puede ver a su hija a escondidas, pues su ex-mujer lo mantiene a raya. Vive en un motelucho y pesa sobre su cabeza la espada de Damocles de una homosexualidad no reconocida. Harley, en cambio, lo tiene aparentemente todo a favor: un empleo como arquitecto de tercera, una mujer trabajadora que desea ser madre, una casa con piscina en el Módulo C de una zona residencial y bla-bla-bla… Pero ni Matt soporta estar solo, ni Harley parece agradecer la compañía de su esposa, aunque ninguno de los dos abre suficientemente los ojos como para advertir lo que de verdad les une potencialmente.
Escrita y dirigida por el fotogénico Dirk Benedict (Galáctica, El Equipo A…), la película ostenta algunos buenos diálogos y situaciones lo suficientemente desencantadas como para dejar su huella en la memoria del espectador. Particularmente, me quedo con el baile agarrado que enlaza a Matt con un vejete borrachín (Bill Erwin) en un bareto solitario y, sobre todo, recuerdo la queja que deja escapar el propio Matt, nada más empezada la película: un par de chorizos intentan robarle en los lavabos del área de servicio. Él los reduce y, para humillarlos –o tal vez lo desea, ¿acaso lo sabemos?- les ofrece veinte pavos por una mamada. Los mangantes salen corriendo y Matt refunfuña: Es lo malo de este país, ya nadie quiere ganarse su dinero.

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