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cuestión de principios

19/07/2009


No hace mucho que hablábamos aquí del pulso energético y el carácter decidido que define a ese canadiense errante que fue Edward Dmytryk, unos rasgos distintivos que vuelven a manifestarse en Shalako, un western peculiar que dirigió en Almería en enero del sesenta y ocho.
Hay, desde luego, muchas maneras de empezar un western y Dmytryk, con permiso de los tres guionistas, el argumentista y el autor de la novela original que dio pie a la película, se decide por uno de los inicios más cautivadores: una manada de cazadores blancos acosando a un puma, al que enloquecen a base de pedradas y ruido. Cuando uno se identifica a las claras con el padecimiento del felino, que no tiene más remedio que lanzarse sobre sus atacantes, dispuesto a morir matando, lo derriba en seco una detonación y vemos a una aristocrática y esplendorosa Brigitte Bardot empuñando el rifle humeante que acaba de disparar la bala.
No es éste el único punto interesante de la película, existen muchos otros, como la secuencia del ataque apache en que el primer guerrero infiltrado se dedica a seducir y degollar a los perros guardianes, o ese pasaje especialmente sádico en que el hijo del jefe indio asesina a una de las mujeres europeas llenándole la boca de arena y obligándola a tragarse un valioso collar que ella intentaba regalarle para salvar la vida.
Rodada en Las Salinillas, Tabernas, Enix y San José, la película contaba con Sean Connery en el papel del oficial renegado protagonista y se nutría, además, de un acertado plantel de actores de reparto, entre los que destaca el siempre atinado Julián Mateos, cuyo rostro se hizo habitual en las cintas del oeste ibérico.
Cuentan que la Bardot llegó al rodaje en un Rolls-Royce blanco conducido por un chofer negro –no inventó nada Don Camilo- y que, ya por entonces, se preocupaba seriamente por el estado de los semovientes del rodaje. Una lástima que no se preocupara más de los tristes humanos que hubiéramos deseado verle, cuanto menos, una lozana tetita. Cuanta sed da el desierto y cuantos calores la belleza, sobre todo en euna historia rodada enteramente en exteriores.

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