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cita en el Caffe Aurora

28/06/2009


Qué tiempos aquellos en los que las cosas estaban claras y el chocolate espeso. Hoy por ejemplo, cuando un etarra mata por la espalda a algún señor, ya a casi nadie se le ocurre pensar que es un criminal, un asesino o un hijo de la grandísima puta. ¿A dónde va Usted a parar?
Gracias a la educación por la ciudadanía que nuestros hijos nos traen cada día a la mesa, hoy sabemos que, si bien Usted o yo podemos expresarnos, quejarnos y patalear a través de estas letras, el pobre etarra seguro que ha tenido una infancia difícil y por eso debe de ser analfabeto o puede que, siendo vasco de pura cepa, descienda de una estirpe de macacos distinta, mucho más prístina e incontaminada, y todo ello le impide expresarse con el habla y la escritura. Por eso es que se comunica con las armas. Y, como suelen ser tímidos, nunca dialogan de cara a su interlocutor, pero le dejan regalitos debajo del coche.
Ahora todo esto lo tenemos la mar de asumido, pero en el setenta y cinco era todo muy distinto. Entonces a los encapuchados que iban por ahí ametrallando y poniendo bombas se les llamaba, oiga Usted, terroristas. Y hasta se hacían películas en que los terroristas eran malos y mataban no sólo a señores, sino también a mujeres y niños. Fíjese que en una película inglesa rodada en Italia, dirigida por un canadiense, un señor americano al que le matan la familia unos encapuchados que se hacen pasar por su canguro, se toma la cosa a la mesopotámica y decide cargarse a todos los encapuchados, ya sea rompiéndoles el cuello con una cadena, ya sea a tiro sucio.
El señor lo interpreta un actor muy bueno que se llama George Kennedy, al que la venganza se le da de primera. La película me ha parecido estupenda, muy bien ambientada y rodada con eso que en el setenta y cinco se ve que algunos aún llevaban entre las piernas. Hay hasta cosas que parecen de brujería, como eso de que no paren de hablar todo el tiempo del “Programa Nueve Once”. ¿Qué fuerte, verdad?
Me ha encantado un plano en el que una mujer, en el economato que atacan los terroristas, acaba haciéndose con una matralleta y acribilla a uno de ellos mientras su hijito rubio de pocos años la mira con los ojos muy abiertos. El director canadiense se llamaba Edward Dmytryk y murió hace diez años. Las cosas claras y el chocolate espeso.

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