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manzanas envenenadas

24/06/2009


Cuando compré este ordenador, todo fueron promesas, el oro y el moro. Pero, con el paso del tiempo, empezaron los achaques. Primero se negaba a leer algunos discos que, a la larga, terminaron por ser los que él mismo había grabado. Después, comenzó a lentificarse y, últimamente, le da por dormirse o apagarse a la buena de Dios, tragándose en la siesta las dos o tres últimas páginas del documento en el que estoy trabajando.
Luego, si lo que pretendo es sacar una copia de seguridad, por si las moscas, el grabador tampoco reconoce los compactos y deuvedés vírgenes, o los expulsa a media grabación, con lo que salvar los muebles resulta imposible y sólo queda la posibilidad de hacerse con un disco duro externo. Y eso sin saber a ciencia cierta si el sistema sabrá reconocerlo.
De modo que, cuando un amigo o el dependiente de la tienda de turno le recomiende la compra de un Mac y le venga con toda esa monserga sobre la pulcritud, la seguridad y la fiabilidad de la dichosa manzana, bríndele un soberano y contundente corte de mangas y cómprese el PC de toda la vida que, además de ser compatible con casi todo, le saldrá más barato e igual de malo.

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