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los verdaderos mangantes del Chino

26/05/2009


CHICA: La droga es un negocio como otro cualquiera, que lo manejan los que tienen dinero y tienen tapaderas, que son los que lo colocan. Y los que pringan… Y ellos, mientras, chupan. Total. Y los barrios estos [Vallecas] son, lo que decía antes éste, los que se llevan los palos.
CHICO 1: De hecho es el rollo de que ves que aquí, por ejemplo, ¿Por qué machacan tanto este barrio? Y en Serrano y en Goya se consume más que… O sea, y drogas duras más que en este barrio…
CHICO 2: Y más descarao.
CHICO 1: Y más descarao. ¿Y por qué? ¿Por qué machacan tanto el mercado de aquí? Porque del mercado de aquí se está beneficiando gente que a mi, particularmente, no me molesta que se beneficie. Porque son chavales del barrio que se están buscando la vida porque no tienen otra forma de buscársela. A parte de que, luego, las grandes cantidades que se consumen de chocolate en el país vengan a través de empresas, a través de mafias que nadie conoce, ¿No?

La conversación, de la que ya hablé en otra ocasión, se desenvuelve en el club juvenil de “Los Hijos del Agobio”, en Vallecas y en plena efervescencia de aquello que se ha dado en llamar Transición. La grabaron tres cineastas con cojones –encabezados por una mujer, Cecilia Bartolomé– que querían tomarle el pulso a la realidad del momento. Cámara al hombro y micrófono en mano, excediendo la proclama del poeta, se hundieron en el fango hasta bastante más arriba de la cintura, tratando de vislumbrar lo que se le venía encima a este país desmañado y herrumbroso.
Para nuestra desgracia, a esa juventud de Vallecas, el tiempo le ha dado la razón por duplicado. Los que pringan siguen siendo los mismos. Los que trafican y consumen con mayor pureza también. Pero, además, resulta que los hijos acomodaticios de la clase política que ha alentado el exterminio urbanístico, político y carcelario de generaciones enteras de jóvenes nacidos en lugares, ¿Cómo los llaman? ¿”Problemáticos”?; los hijos de las familias que siempre estuvieron arriba y de las se encaramaron al trono del progresismo gracias a esa Transición intransitiva se embuchacan sus eurazos a costa de Vallecas, el Gran San Blas, Badia, La Bota y tantos etcéteras a los que no cabe dar hoy cuenta cierta. Mayor desvergüenza, hijoputez y mangoneo son imposibles.
Pasen y vean, Señoras y Señores, asistan una vez más al triunfo del guante blanco cuatribarrado y con rosas en los puños, descollando sobre charnegos, gitanarros, lolailos y buzos sumidos en la economía sumergida.
Entren galeristas, catedráticos, jefes de redacción, arquitectos, profesores de la nada, catalanetes viejos y nuevos, funcionarios y sostenibilizadores, mossos y oenegistas, tots plegats, picant de mans, deambulen por ese parque temático tan chistoso y chupiguais dedicado a varias degeneraciones de yonquis y maleantes de la recortá. Escuchen esa rumbita buena que nunca van a poder entender, ni falta que les hace. Y cuando salgan de la feria, después de ver el material alquilado a los coleccionistas, de ver cuatro cachos de película montados siguiendo la compleja lógica contextual de una cebolla –sí, es para llorar, lo siento-, deténganse largo rato a contemplar, uno por uno, los nombres de los organizadores de la exposición. Porque ni uno sólo es inocente. Memorícelos y tendrá conciencia de quiénes son (y fueron siempre) los verdaderos mangantes del Chino barcelonés.

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