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razón de los inventarios

01/05/2009


Allá por el año noventa conseguí un LP de Quico Pi de la Serra que recogía el concierto que dio en el Palau d’Esports de Barcelona el 27 de febrero del setenta y seis, canciones que necían en plena efervescencia de la mal llamada Transición.
Entre los once temas que componen el disco siempre hubo uno que me cautivó por encima del resto, se llama Inventari y cierra la cara A del vinilo. En él, el artista lleva a cabo una enumeración pormenorizada de los contingentes de los que dispone el país –Catalunya-, como si invocara lo mejor y lo peor que había florecido a lo largo de cuatro décadas oscuras. Pero a mi –y creo que a la mayoría de los asistentes a aquel concierto- lo que más me conmovía era la última estrofa:

Estem tips de tanta nosa
i cansats de recular,
volem que ens deixin estar!
Pensar, dir, fer i opinar,
volem que ens deixin estar!
Resoldre, sortir i cridar,
volem que ens deixin estar!
Reunir-nos i celebrar,
volem que ens deixin estar!
Aquí, ara i no demà,
volem que ens deixin estar!

Podríamos traducirlo como: Estamos hartos de tantos estorbos y cansados de recular, queremos que nos dejen en paz! Pensar, decir, hacer y opinar… Resolver, salir y gritar… Reunirnos y celebrar… Aquí, ahora y no mañana, queremos que nos dejen en paz!
Aunque en verdad “deixar estar” implica bastante más que “dejar en paz” (en catalán, “deixar en pau”) pues la expresión catalana reclama un derecho a ser tal cual se es, viene a ser un reclamo de existencia. Y si me emocionaban los dos últimos versos de la canción era, ni más ni menos, porque galvanizaban la necesidad imperiosa y desesperada de varias generaciones que gritaban algo así cómo: No nos vengan con más cuentos, excusas, camelos y mentiras, queremos vivir nuestra vida, queremos ser lo que somos ahora, no mañana, ni la semana que vine. ¡Queremos vivir ya, hoy, aquí, en este preciso momento!
Pues bien, señores, han pasado treinta y dos largos años y todavía no podemos ser, ni en Catalunya, ni en España, ni en ninguna parte. Nos aplastan por todos lados, nos obligan a meternos en el cubículo a rezar para que las cosas sigan igual de mal que ahora, que no vayan a peor. Nos confinan a tareas de mierda, a producir basura, a proliferar en la metástasis de esta bárbara estulticia que de todo emana y a todos impregna.
Crisis y Miedo para guardar el redil.
Y los jóvenes de hoy serán los peores damnificados, les han puesto infinitos fantasmas, bagatelas al alcance del ojo y un detrito escabroso sobre el que poner los pies. ¿Nos hundimos en la mierda o nos estamos convirtiendo en ella?
Habrá que buscar un punto suficientemente elevado y dar comienzo a un secuencia ininterrumpida de disparos.

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