Skip to content

la imbecilidad y un día

28/04/2009


Por lo común no enchufo la tele más que para ver los partidos del Barça o alguna película en dvd. Tampoco acostumbro a comprar los diarios. Lo único que hago para desinformarme, además de pisar huevos por los dilatados atajos de la red, es escuchar la radio. Pero, desde el domingo, también la mantengo apagada porque sintonizarla significa tener que tragar con ese vómito alarmista que han empezado a echarnos encima nos metamos dónde nos metamos.
La verdad es que ya el domingo por la tarde estuve tentado de dedicarle un post a este asunto, pero me conformé con discutirlo en privado con dos o tres personas. Nunca me ha atraído en exceso la conspiranoia, a pesar de que en este mundo que habitamos la paranoia queda bastante justificada en varios de sus estratos y manifestaciones.
Cualquier mente tibiamente lúcida tiende a desconfiar de la sobreabundancia de casualidades. Desde hace décadas, no han parado de meternos el miedo en el cuerpo con todo tipo de desórdenes y males apocalípticos que llueven con probada regularidad: la amenaza nuclear, el terrorismo de todo pelaje, cataclismos, virus informáticos, epidemias, el cambio climático…
Cada cierto tiempo nos salta a la cara uno de estos aliens que intenta que nos caguemos por las patas abajo. Nos paraliza el tembleque y cuando nos damos cuenta de que el bicho es de peluche ya nos han lanzado otro que intenta, de nuevo, que nos vayamos por un hilillo hacia la riera de los despojos de la geopolítica. Y por unas extrañas casualidades, esos espantos mediáticos siempre acaban apuntando con un dedo más o menos disimulado a nuestros imponderados “grandes enemigos”, léase hoy el mundo musulmán, Asia y ciertos países latinoamericanos. De hecho, el origen primero de esta nueva gripe será, sin duda, datado misteriosamente en la amarilla China de Fu Manchú–uno también tiene derecho a desopinar, ¿no?
Que el miedo guarda la viña y que el zorro -el lobo- son ellos mismos parece ya una cosa bastante evidente. Pero, puestos en esa tesitura, no creo que lo más preocupante sea la insaciable ruindad de los de arriba, sino la infinita estulticia de los que están en medio y debajo.
Qué esperanza cabe albergar ante la gilipollez extrema de toda esa gentuza que no se cansa de enunciar estupideces en las tertulias de la radio y la televisión, los especialistas en nada que se posicionan ante todo, los editorialistas que llenan una, dos y hasta tres columnas sin tener la más remota noción de lo que hablan… Qué futuro propician todos esos líderes de la desopinión que conducen a un tropel de descerebrados a verter inacabables toneladas de excremento psíquico en los foros y demás vertederos de la red, tal como recoge la aterradora muestra recogida por el erudito Mr. Absence.
¿De qué tienen miedo, Amigos?
Ante tamaña imbecilidad, cutrez mental, inopia aberrante e ignorancia congénita, uno no pide que llegue una, sino mil pandemias y cataclismos que devuelvan a la humanidad al pozo negro del que nunca debería haber salido. El día que llueva mierda no la distinguiréis de vuestros sesos, hijos de puta.

Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: