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amarse en tiempos de crisis

25/04/2009


Siguiendo bajo los mínimos de esta economía de guerra, a uno no le queda más que nutrirse intelectualmente en tendejones de saldos y negocios de todo a un euro, santuarios por así decirlo del diseño alternativo. De allí he sacado un alto porcentaje de la fílmica satánica aquí descompuesta y comentada en días anteriores, además de no pocos utensilios para el menaje y el desacomodo filosofal.
El pasado lunes, en compañía de mi hermano, me adentré en uno de estos palacetes labriegos y me topé con esta formidable portada que enseguida nos remitió a aquellos mal entendidos y embellecedores años setenta. Pero no, esta opera magna y definitiva de Emile Dubois –no confundir con el celebérrimo asesino y animita santificada por las gentes de Valparaíso- fue editada a finales de la década pasada, acompañando sus textos un amplio surtido de ilustraciones a cargo del tarraconense Joaquín Chacopino.
Todo viene compendiado y convenientemente ilustrado, desde “la penetración lingual” y “la contemplación de los hermosos senos de la mujer” hasta “la unión de los órganos genitales” y “el sadismo femenino”.
Nada escapa al tecleo, al lápiz y la pluma lúbrica que vierten su didáctica a lo largo de más de doscientas páginas entre las que conviene rescatar en estos tiempos de crisis todo lo referente a la autocomplacencia. Si Usted no dispone de posibles para el ocio nocturno, para trabajarse un cariño querendón o financiarse un amor mercenario, si su amante se halla en distantes geografías o las circunstancias no acompañan, sea Usted hembra o varón, semejante obra, por el módico precio de un eurillo, le proporciona razones e instintos para gozar de sus propios e intransferibles atributos.


Le recuerda al hombre que “el onanismo es una práctica que se remonta a los tiempos más primitivos y la vista del miembro erguido excita a su dueño en grado sumo…”.


Y le confirma a la mujer que “hay momentos en que los recuerdos de los actos sexuales llevados a cabo con un varón excitan lujuriosamente a la mujer, y ésta sólo encuentra alivio en la introducción de uno o varios dedos en su fogosa vagina.”.

Fuente: Emile Dubois, Amor Sexo Intimidad. Barcelona, Ultramar Editores, 1999.

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