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Hitler de pequeño leía mucho

20/04/2009


El 23 de abril (Día del Libro, Fiesta de las Letras, Bautismo de Firmas para el nuevo best-seller) hay que salir a comprar libros, esos libros, libritos y libracos pre-fabricados ad hoc que editores, libreros, diarios, webs, radios y televisiones ya han puesto, de antemano, en la lista de “los preferidos por el gran público”.
Sant Jordi es “la Fiesta de la Cultura” en la que, al calor rojizo de millares de rosas decapitadas, el ciudadano se transfigura en lector de títulos y ojeador de páginas escogidas encima de tablones montados sobre caballetes recubiertos con las cuatro barras.
¿Quién va a negarle al hombre de la calle este derecho a “adquirir cultura”? ¿Qué hay de malo en esa maravillosa sensación que experimenta el cobrador o la oficinista al pasearse entre paseantes que pasean la vista sobre esas mesas cuajadas de cubiertas que huelen a tinta aún caliente? ¿Qué mejor ejemplo podemos darle a nuestros hijos que el de leer? La lectura es saber y el saber nos hace más libres, señala el viejo eslogan redivivo.
A todos se les olvida aquello que Roberto Bolaño supo recordar a padres y profesores en una acerada entrevista: que Hitler de pequeño leía mucho. Alguien debía tomarle el relevo, con modestia y mala baba, y ya está listo para rondar las calles este pequeño antídoto contra la ceguera. Lo hemos escrito entre unos pocos, liderados por Carlos Acevedo. El jueves correrá en papel, pero puedes encontrarlo ya en las virtualidades de la red.

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