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trasvase al adversario

31/03/2009


Recién inaugurado el día, la enfermera me extrae dos botellines de sangre y pide que ejerza presión sobre la minúscula brecha abierta por la aguja para taponar la salida del fluido que tiene el color de un grito en mitad del blanco de la memoria. Persiste en mi ese desdoblamiento de las actividades mentales y motrices que me impulsa a ejecutar actos que hubieran resultado útiles en otro tiempo y que hoy perecen automáticamente en el absurdo de su inoperancia presente. Me vuelvo suspicaz, desconfío de mi mismo. Cuando escribo me parezco un poco más a mi mismo y lo que leo trata de encaminarme al sentido principal y último de todas las cosas. Sin embargo, hay que vivir también hacia afuera y es el contorno, el contexto, lo que me traiciona. Puede que sí, que uno y el contexto seamos la misma cosa, pero esa cosa no se comprende a si misma. La sangre que se ha ido tal vez se chive y le cuente a alguien lo que está ocurriendo aquí dentro.

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