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la acometida

26/03/2009


Hace días que me atacan distintos olores a jabón y a detergente, ya sea en la mesa de un restaurante, ya al salir al rellano o al entrar en la cocina. Esos incisivos fogonazos químicos me invaden y saturan las fosas nasales, anulando un alto porcentaje del resto de mis sentidos. Me pregunto si se trata de una sinestesia escatológica, si mi olfato sabe algo que ignora el resto de mi ser y trata entonces de comunicármelo del único modo que tiene a su alcance. Es una percepción molesta, desquiciante y atormentadora. Desde siempre he repudiado el detergente en polvo, esos repelentes granitos blancos, verdes o azules. Y a eso me huele la vida cuando me sobrevienen tales instintos de violenta acometida. Debo ampararme en el silencio y me ciego, caigo en un azar inconexo, en una nada (náusea) momentánea. De todo me olvido y me quemo como un navío en un mar de lava.

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