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fire kill with me

25/02/2009


El día que a Donny Kohler se le muere la madre, escucha unas voces reverberantes que le anuncian desde el cielo: Ahora eres libre, puedes hacer lo que quieras. Y él, preso de una súbita ilusión infantil, lo primero que pregunta es: ¿Puedo poner el tocadiscos alto? El hombre, sin madre, se nos descoca. Le entra la vena del bricolaje, se arma una cámara ignífuga casera y se dedica a raptar mujeres jóvenes, más o menos de buen ver, a las que cuelga desnudas de una argolla del techo de la cámara sellada. Luego, se viste con su traje refractario, dispara su lanzallamas y aberración al canto. Hala, a coleccionar cuerpos de mujeres socarradas, renegridas y pestilentes en la salita de estar.
De todo esto, como es natural, tiene la culpa la madre tirana y punitiva que le churruscaba a él desde pequeño. Don’t go in the house –que aquí se distribuyó con el originalísimo título La casa del terror– es una modesta joya artesanal del gótico yanqui producida, según marca el celuloide, en la fecha liminar de 1979. Su protagonista, Dan Grimaldi –que a mi me recuerda insistentemente al gran José Luís Gómez– está a la altura de las circunstancias y les aseguro que, cuando aparece la primera víctima -una rubia en pelota picada colgada del techo- y el húerfano made in Bloch se persona protegido por la opacidad de su traje, el mal rollo no es poco. Si se cruza con ella en una paradita de baratillo, no lo dude, vale la pena.

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