Skip to content

las chavalas de Bucarest

11/02/2009


El siguiente partido contra los rumanos del Dinamo de Bucarest tenía sorpresa. Nos colocaron una chica en cada habitación contigua, pero Amancio, que había ido a jugar allí con la Selección B, dio el cante. Según me contaron más adelante, era una costumbre de los rumanos con los equipos visitantes. Nosotros nos reunimos, hablamos y nos hicimos los gilis. “Aquí venimos a jugar al fútbol y, después del partido, el que quiera salir a algún lado, que salga. Pero antes, todos pensando en el partido.” Eran chicas guapas, de veintidós o veintitrés años. No caímos en su trampa.
Cuando terminó el partido, algunos decían: “Vamos a cambiarnos rápido, para volver al hotel”. Fueron corriendo pensando que iban a estar allí las chicas, pero las palomas habían volado. Muñoz ni se enteró, porque entre los jugadores solucionamos el problema. Cuando íbamos a jugar de visitante, siempre tomábamos nuestras precauciones. Teníamos nuestro termo, el café lo llevábamos hecho y no tomábamos otra cosa. Teníamos miedo de que, para ganarnos, nos pudieran echar en el café cualquier pastilla o somnífero. El fútbol ya se iba maleando en este sentido. No catamos las chavalas, pero a los rumanos les ganamos en los dos campos.

Alfredo Di Stéfano, Gracias, Vieja. Ed. Aguilar. 2000.

No comments yet

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: