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el trono

01/11/2008


Hay muchachas ya crecidas que intuyen, de natural, dónde radica la verdadera realeza. Victoria, Vicky supo enseguida que el Visitador es el postrer heredero de una larga tradición de monarcas sibaritas y, tan pronto como lo vio surgir de sus adentros, presta a comenzar el baile, lo sentó en el trono que tenía más a mano. Tal vez Nicolás hubiese preferido deambular a su alrededor, descalzo, sobre el cálido parquet, pero verse sentado en el trono le reportó gratos recuerdos de infancia y primera juventud.
Vicky vive en las inmediaciones del lago Toluca, bajo el sol de California. Hechizó a Nicolás merced al bamboleo indolente de su nalgamen. Le permitió, además, meter el morro en la comisura de su escote, por lo común, tan bien acotado.
El Visitador, cosa atípica, llegó a descorchar su herramienta. El buen gusto de la selección musical le condujo a enarbolar esa bandera de carne troncha y reventona que no convino en descargar por respeto a su calidad de príncipe de los pequeños y rey de los visitadores.
No hubo más que mirar en aquella casa después del baile. Ni volvió, ni se dejó ver en mejor trono durante mucho tiempo.

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