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la gente del toro

12/09/2008


En aquellos años, en Barcelona eran muy frecuentes las corridas de toros. Venían a torear Julio Aparicio, El Litri, Victoriano Valencia, Antonio Chenel “Antoñete”. Los toreros se hospedaban en el hotel Arycasa, ya desaparecido, y comían en El Canario de la Garriga, frente al hotel Ritz. Los toreros venían acompañados de sus cuadrillas, sus apoderados y algunos ganaderos, como los Cembrano. También en algunas ocasiones traían con ellos al enano Marcelino, un enano de cuarenta años con una estatura de aproximadamente un metro y que aparte de tener voz de niño, vestía ropa de niño, pantalón corto y chaquetita. Los toreros decían que si el enano iba a la corrida les daba “mal fario”, por eso cuando se disponían a salir del hotel hacía la plaza de toros, al enano Marcelino lo subían en lo alto de un armario y lo dejaban allí. Mientras se celebraba la corrida, el enano pedía auxilio a gritos, pero inútilmente porque en el hotel ya estaban advertidos y nadie le bajaba del armario.

Miguel Gila; Y entonces nací yo. Memorias para desmemoriados. 1995. pp. 348-349.

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