Skip to content

pan mojado

15/07/2008


Me sabe la garganta a pan mojado, como el que de niño le echábamos a las gallinas. No guardo demasiado buen recuerdo de las gallinas, eran blancas y el gallo de un marrón rojizo, como de tierra bermeja, con la cresta granate, pulposa de sangre. Tuvimos una vez dos pollos amarillos que nos habían regalado al comprar no sé si una docena de huevos. El día del degüello, a mi madre se le escapó uno descabezado por la sala y fue pringando suelo y rodapiés con su sangre deshilachada. Luego ya los desplumamos. Tampoco me gusta el olor a plumas sumergidas en agua hirviendo.
Este sabor a pan mojado, como a espuma de miga o sopa de tomillo para limpiar cañerías, me da que pensar en cielos sin pendencias, en las horas de esperarse a uno mismo, en cartuchos vacíos y esqueletos de roedor tras los matojos. Las crías de los ratones son rosadas y no todos los sapos escupen veneno. Campo y ciudad. Nunca nadie en la caseta de la urbanización y una bajada con gravilla al sol, varada con hinojos y moras. Apenas ardillas. Perdices y lagartijas encaramándose a una madriguera que no era suya. Más de una vez cayeron rocas, quedaban plantadas en mitad de la pista forestal y, abajo, árboles y pizarra. Huelo la humedad mezclada con lo áspero de este torpe julio inclemente. Saldré a la calle después de la comida.
.

No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: