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descentrado

02/07/2008


Ha ocurrido algo extraño. No sé exactamente porque, pero el gusto de uno de mis vecinos ha mejorado ostensiblemente. Ahora escucha a Rubén Blades. Y cuando digo “ahora” es ahora, a medianoche. Fulci permanece acostado, adherido a las baldosas del suelo, como un bajorrelieve asirio. Cuando no le miro, tironea del cable de la batería del móvil, que se está recargando en la mesilla del rincón.
He pasado el día escribiendo sobre anuncios, videojuegos, hombres del tiempo… He redactado preguntas para un par de meteorólogos, otras para un psiquiatra… Lo de la tele funciona así: tú escribes el guión del quinto programa y lo envías a la productora. Entretanto, ellos te mandan el cuarto para que reescribas una parte o para que redactes nuevas preguntas porque ha fallado un invitado. Intentas ponerte con el sexto capítulo, pero, para entonces, ya te han reenviado el quinto para los retoques y te dicen que las preguntas del nuevo invitado del cuarto programa tienen que ser más o menos. No hay manera de centrarse.
Por la tarde he hecho acopio de provisiones. Y es que me había quedado, literalmente, con la nevera vacía. Hay una nueva panadera muy jovencita, aquí, en la esquina. Le debo de caer bien, porque suele entregarme las barras recién horneadas, aún calientes. Y yo, a cambio, le doy el dinero justito, para que no tenga que revolver en el cambio.
En el primer guión que escribí salía una panadera de dieciséis añitos. Y me molan Claudine Sobrier y Cyra Toledo en sus distintos acomodos de panadera y confitera. Fijaciones de la infancia que ya no se van nunca, supongo.
Al pasar frente a la carnicería, las dependientas estaban en la puerta. No funcionaban las cajas registradoras y han salido a fumar y a charlar de lo suyo. He seguido hasta el súper, donde he comprado Pepsi en lugar de Coca-Cola, porque me hacían un descuento del 20 o el 25 por ciento, ya no me acuerdo.
Ayer, el asesor pedagógico (porque el programa tiene asesor pedagógico) contaba que en Missing, de Costa-Gavras, los buenos beben coca y los malos pepsi. Y será verdad, pero, ahora mismo, como que no la tengo a mano para comprobarlo.
Fulci le está dando un tute a un paquete de klínex por los suelos y yo dejo de lado panaderas y carniceras y pienso en una que duerme, o que intenta dormirse, y a la que ahora mismo le daría un buen mordisco. Ella sabe dónde.

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