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el solar de los desdichados

29/06/2008


Ahora, la vecina que la otra mañana me preguntaba si tenía hundida una parte del techo, está llorando a moco tendido (creo que en su habitación). Hace apenas unos minutos discutía a grito pelado con su marido, el padre de su hijo, que juraba que se iba a separar, porque ella es “una mujer que no aguanta nada”. Al parecer, le ha mentido, le ha dicho que se iba con su hermano y, en realidad, cuanto menos, se ha tomado unos cubatas viendo el partido. Y ella, sollozando, le preguntaba que por qué la mentía, que qué ha hecho ella para que le hable así, que, por favor, no empiece a romper cosas –ya las estaba rompiendo. Alfredo es un tipo de voz ronca y paciencia discutible.
La otra tarde me eché un rato para descansar los ojos. Entorné la ventana del dormitorio y oí a una vecina, tal vez ecuatoriana, forcejeando con un hombre y una mujer, pedía que la soltaran: “Me voy a matar! Ya no quiero vivir!”, gritaba.
Mi otra vecina, la de arriba, está recogiendo los platos (o lo que sea) rotos. Y yo me pregunto si éste no será el solar de los desdichados. Pasa por la calle un coche haciendo sonar el claxon, dándome, tal vez, la razón. La razón que se da a los locos, claro.

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