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>los tres sacramentos

05/03/2008

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Abriéndose dulce y aseada la abertura más pequeña, pego mi oído para escuchar su lento latido encarnado que lleno luego, poco a poco, con la lengua.
Miro y toco con la mirada su medianía.
Un dedo sinuoso se desliza, seguido de otro dedo más osado.
Y llega una lluvia caliente de saliva.
Un par de azotes fríos.
Ya estoy dentro.
Su cuerpo, adherido a telas suaves, soporta la comunión sin sufrimiento, recibe la venida del bautismo y confirma su conversión bañando el lecho.
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